ARTICULOS
MIL POR UNA

Te lo debíamos hermano Paco, ya no pudimos aguantar más sin verte de nuevo. Tu ausencia se nota demasiado en nuestro Cenáculo, por muchas causas; quizás la principal porque estamos vacíos del amor que siempre nos derrochas, porque echamos en falta tus palabras siempre dulces, tiernas, envueltas en ese halo de cariño que nunca te abandona, echamos en falta ese rastro de encendido fervor hacia tus hermanos y por que no, echamos también en falta los inigualables olores y sabores con los que hasta hace bien poco nos has obsequiado desde nuestra cocina, hecha templo cuando los guisos proceden de tu maestría culinaria.

Por todo esto y mucho más, teníamos que vernos de nuevo, y Sevilla se hizo cuartel por unas horas, en las que el tiempo se detuvo y el sempiterno San Juan que todos conocemos estuvo con nosotros compartiendo todo cuanto tenemos, amistad, hermandad, cariño y amor, mucho amor derrochado para este momento; derrochado a borbotones, porque ya no podíamos aguantarlo más dentro de cada uno.

Mil por una Paco, el buen apóstol siempre da mil por una a sus hermanos, y tú has superado esta barrera con creces. Esto me decía nuestro querido hermano honorario Manolo Estrada, presente y agasajado también en la reunión,  que fue por tanto partícipe fraternal y sentido en nuestro encuentro.

Al final, detrás de toda la emotividad compartida, nuestras lágrimas se transformaron en tu  mejor bálsamo, y las tuyas en nuestra mayor  recompensa.

Hermano Paco, nos vemos en nuestro cuartel, siempre nos veremos allí; nuestro Maestro así lo permitirá.

Un abrazo y ¡Viva San Juan!