No te pruebo,
te hablo así por amor.
Y, si yo, un simple madero,
tengo alma y tengo voz,
es porque me acariciaron tus dedos
aquel día en tu oración.
Si, sé que sudastes sangre,
sé que rezabas llorando
y pedías a Tú padre
que pasase de Ti, este caliz
más su voluntad aceptaste.
Se que te sometieron
a un juicio vendido y falso
pues, una vez que te prendieron
y te llevaban espada en mano,
mi pobre madera escogieron
y talaron dos romanos.
Y mientras Caifas te acusaba de blasfemo
y por su orden te azotaron,
te humillaron y escupieron
mientras a Pilatos te llevaron,
te expusieron al Pueblo
y por Barrabas te cambiaron,
ya conmigo construían la cruz
en que sería ejecutado.
¡Que todo estaba decidido!
¡Que tu defensa sería en vano!...
Y los malditos carpinteros
trabajando en sus manos,
se reian del Nazareno
de mi Nazareno amado....
No puedo morir por Tí, Jesús,
pero moriré contigo
cuando esos tus lindos labios
den su último suspiro
¡No dudes de mi, Señor!
¿Aún no me has reconocido?
¿Por qué se que eres mi Padre?
¿Por qué se cual es Tu sino?
¡Tus lágrimas no te dejarán ver
que llorabas abrazado a mi
en el Monte de los Olivos!
ERNESTO CACERES MOLINA
|